Planeta superhabitable Kepler-442b
Un planeta superhabitable es un tipo de exoplaneta hipotético, similar a la Tierra con una superficie más amplia cubierta por agua .
Presenta condiciones más adecuadas para la aparición y evolución de la vida que nuestro propio planeta. En los últimos años, un gran número de expertos ha criticado el criterio antropocentrista en la búsqueda de vida extraterrestre. Consideran que la Tierra no representa el óptimo de habitabilidad planetaria en varios aspectos como el tipo de estrella en torno a la que orbita, superficie total, proporción cubierta por océanos y profundidad media de estos, intensidad del campo magnético, actividad geológica, temperatura superficial, etc. Por lo tanto, es posible que haya exoplanetas en el universo que ofrezcan mejores condiciones para la vida, permitiendo que surja con más facilidad y que perdure por más tiempo.
Un extenso reportaje publicado en enero de 2014 en la revista Astrobiology titulado «Superhabitable Worlds», de René Heller y John Armstrong, recopila y analiza gran parte de los estudios realizados en los años anteriores al respecto.Las investigaciones de estos astrofísicos permiten establecer un perfil para los planetas superhabitables según el tipo estelar, masa y ubicación en el sistema planetario, entre otras características. Concluyeron que esta clase de planetas podrían ser mucho más comunes que los análogos terrestres
CLIMA
La idoneidad térmica de un planeta para la vida está determinada por su
temperatura de equilibrio —es decir, la que correspondería a la Tierra
en su lugar— y por la fluctuabilidad de la misma. A lo largo de su historia, la Tierra ha sufrido importantes variaciones de temperatura durante largos períodos, como las superglaciaciones durante el Criogénico y el calentamiento global que pudo contribuir a la extinción masiva del Pérmico-Triásico. Incluso en nuestros días registra oscilaciones térmicas significativas en función de la latitud y de las estaciones del año.
Es posible que los planetas con atmósferas más densas que la terrestre,
una distribución más dispersa de sus tierras emergidas y/o menor
inclinación de su eje tengan una amplitud térmica menor y estaciones menos pronunciadas.
En tal caso, las especies autóctonas no tendrían que adaptarse a
cambios de temperatura tan radicales y podrían ser más diversas. El efecto termorregulador del mar quizás Vsuponga unas temperaturas moderadas en planetas oceánicos situados en la zona de habitabilidad de su estrella.
El tipo estelar determina en gran medida las condiciones presentes en un sistema. Las estrellas más masivas —O, B y A— tienen un ciclo vital muy corto, abandonando rápidamente la secuencia principal. Además, las de tipo O y B producen un efecto fotoevaporación que impide la formación
Recreación
artística del posible aspecto de un planeta superhabitable. El tono
rojizo de las masas continentales se debe al color de la vegetación.
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