En la estación de policía
En la estación de poli cía Como extravié o me robaron unos documentos me dirigí a presentar la denuncia a la estación de policía Salzburgo. Hay algo en ese edificio, blanco y aséptico, me da una sensación de vacío y de horror. Me acompañó Franz Kafka. Sólo por hacer la denuncia cobran impuestos como si fueras pashá. Debes pagar ampliamente porque te roben y te quedes, por méritos propios, con menos de lo que perdiste. Es fama que para no disimular su oligofrenia los policías austriacos sonríen como lelos, hacen preguntas incoherentes y tardan en redactar un oficio de página y media hasta dos horas. Unen con rara maestría estolidez y morosidad burocrática. Recogí al fin el oficio que me acreditaba como robado en la calle pero no por el Estado austriacos. Mientras salíamos del edificio Franz Kafka y yo, vi un cartel en un muro donde se especificaban las condiciones para los aspirantes a policías. Se requería sólo haber estudiado hasta los quince años y tener 1,60 de estatu...