Fiesta en Monstruolandia

Hola, somos Guada y Amiru (amiguis). Y hoy les vamos a contar un cuento infantil que esperamos que les guste mucho.

 La comunidad de monstruos está muy, pero muy contenta. Es que la otra noche se hizo una fiesta monstruosa en la casa de Drácula.
 Los invitados tenían como consigna llevar algo de comer o de beber. Por su puesto, el conde y su vampiresca novia prefirieron que lo de beber fuera sangre calentita, cosa que los amigos monstruos cumplieron para quedar bien con los dueños de casa.
Entre los invitados estaba el hombre Lobo, que bailó toda la noche un paso nuevo que inventó para la ocasión, aullando y moviendose con toda la peluda elegancia que lo caracteriza.Su novia, la mujer Jirafa, de dos metros y medio de altura, lo acompañó en todo momento balanceando su larguísimo cuello con mucha gracia al compás de la música.
 También estaba el gigante Ruachán, el monstruo que tiene las manos más grandes que su propio cuerpo. Aprovechando esta característica, se dedicó a hacer palmas durante el baile, produciendo, con cada palmada, un estruendo que hizo reír a todos los invitados.
 A eso de las doce de la noche hicieron su entrada triunfal el Sr. Frankenstein y su esposa. Ella estaba vestida con un traje de piel de murcielago que causó sensación; iba acompañada por su mascota, un dragón de Komodo muy pero muy monstruoso, que lanzaba pequeñas llamaradas que los invitados aprovechaban para tostar el pancito.
Pero lo más divertido de la noche fue cuando el Hombre de Dos Cabezas se presentó para cantar, acompañado en el piano por el dueño de la casa.El dúo ( o debo decir " el trío") fue genial, porque el conde Drácula es un gran pianista y el Hombre de Dos Cabezas canta a dos voces, una muy aguda y la otra muy grave, de modo que él solo ya es un coro.El secreto está, por supuesto, en sus dos cabezas que por lo general se llevan bien, aunque a veces se pelean un poco.
Finalmente se realizó un gran brindis con un trago exótico que se sirvió en calaveras con pajitas antes del amanecer, el conde se apresuró a despedir a sus monstruos amigos. Ellos comprendieron que había llegado la hora de irse porque, como todos saben, los vampiros duermen durante el día ya que la luz del sol les hace daño.
 Antes de irse, todos posaron para una foto de recuerdo. Había llegado el fin de la fiesta más monstruosamente divertida en Monstruolandia

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